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ANIMALES DE CIRCO

Por: Saúl Maldonado P.

Anakarlem Mercado Z

"Publicado Periodico Gente 17 de marzo de 2003".

Nuevamente, la cuidad de La Paz es visitada por un circo. Aun en este nuevo siglo existen espectáculos que se remontan a épocas de la barbarie, donde imperaban el salvajismo y que también se lo encontraba en la esclavitud o en la misma inquisición, quedando vestigios de estas actividades que florecieron en la edad media, en pleno oscurantismo y que permanecen en nuestros días. La historia de animales utilizados para el entrenamiento de los humanos comienza varios siglos atrás.

Los circos venden la idea de diversión, trucos desarrollados por medio de los estímulos positivos, alegría, chistes y mofa segura. Pero hay un punto que ningún circo quiere que se evidencie

 EL SUFRIMIENTO DE LOS ANIMALES.

¿CÓMO VIVEN?

Las condiciones en que se obliga a vivir a los animales de circo son precarias e inadecuadas;  si recurrimos al principio básico de que los animales salvajes deben vivir en su lugar de origen, entre sus congéneres,  en su hábitat natural, y en plena libertad para correr, cazar y desarrollarse como lo manda su especie, podemos afirmar que, los animales no fueron puesto en el planeta para estar prisioneros de por vida, para ser atormentados por sus domadores, y ni para ridiculizarlos en  espectáculos que los obligan a realizar acciones en contra de su naturaleza.

Los animales de Circo no sólo están sujetos a las incomodidades de su vivienda sino que también sufren las tensiones provocadas por los ruidos, los continuos movimientos y las luces.  Sufren el traslado de un lugar a otro o de país a país, viviendo en jaulas donde casi no pueden moverse y  carecen de condiciones higiénicas adecuadas.

En ellas, el animal pasa la mayor parte de su vida ya que aparte del tiempo en el que están en la pista (aproximadamente dos o tres actuaciones por día de treinta minutos), están encadenados  en sus pequeños vagones condenados a una vida vegetativa y con un stress al máximo.

COMO LOS ENTRENAN

Condenados a languidecer entre barrotes y a someterse a punta de castigos, a pruebas reñidas contra su naturaleza, los protagonistas de los “circos de fieras” no constituyen sino lamentables remedos de los ejemplares libres, ya sean tigres, leones, osos y muchos otros animales.

El público que los ve “actuar” a fuerza de latigazos no se imagina, o no quiere imaginarse qué se esconde detrás del brillante espectáculo.

Un animal salvaje, en muchos casos,  enorme o de gran cuerpo, se lo doma a base de castigo físico, sea con látigos con bolas de acero en la punta, antorchas de propano, collares de púas, bozales, descargas eléctricas, mazos de clavos, aguijones, barretas de acero candente, hambre y sed… Muchos de estos aparatos incluso son mostrados al público durante la función.

QUE HACER

Mientras sigamos ignorantes de esta verdad y apoyemos estos espectáculos contribuiremos a que sigan cazando animales salvajes, a que se les siga torturando y explotando para que la gente que asista se divierta.

Los circos con animales son anacronismo que no debería tener cabida en el mundo de los espectáculos y principalmente civilizado, con valores humanos y morales. El público debe rechazarlo prefiriendo los circos de fantasía que basan sus presentaciones en la variada gama del ingenio y habilidad de su elenco humano, sin recurrir a la explotación de animales cautivos en condiciones miserables.

El circo es una Agonía. Hagamos y trabajemos por la agonía del circo que mal utiliza a los animales