"PININO”
A un perro callejero..
...
Era un perro de esos que
comúnmente llamamos callejeros, que no tienen pedigree. Si, uno de esos
perros que cuando se enferman no tienen a nadie que los lleve a una clínica
veterinaria. Era de color blanco con pintas negras regadas por todo su cuerpo,
parecía una ficha de dominó, querendón, juguetón,
y muy zalamero. Era el perro más afectuoso que he conocido pero tambien
más molestoso. Y se llamaba "Pinino"....
Un día "Pinino"
llegó de la calle y se quedó en la casa de mis padres durante
más de quince años, ahí lo encontraba cada vez que iba
de vacaciones. Cuando alguno de la familia llegaba, él era el primero
que salía a recibirlo y se desvivía por hacer halagos moviendo
la cola y dando vueltas como un trompo. Era cariñoso con todos pero fastidioso.
¡Qué perro tan amoroso! Hoy te recuerdo "Pinino".
Ese perro, cada vez que me
veía sentado, ponía sus patas sucias sobre mis piernas y me manchaba
la ropa; particularmente me molestaban todas sus ternuras babosas. En muchas
ocasiones me ladraba en ademán de invitarme a jugar con él, corría
y se detenía de repente para que lo siguiera, todo esto me disgustaba.
A mi no me gustan los perros, por eso más de un grito, un castigo y una
patada llevó de mí por ser cariñoso y querendón.
Me dí cuenta de que
en la familia tampoco lo trataban muy bien, sin embargo, él tomó
la decisión de vivir en los alrededores de la casa y la cuidaba como
si fuera de él, y por ahí se fue quedando. Unas veces le daban
las sobras y otras no comía nada, pero le dieran algo de comer o no,
él seguía tratando a todos con mucho afecto.
El perro a mí me caía
mal, pero no así a algunos de mis hermanos - por algo estuvo en la casa
más de quince años- tanto lo querían que le pusieron el
nombre de "Pinino" como mi cuñado porque era cariñoso
con mi hermana y fastidioso con nosotros.
Durante todos esos años
me fui acostumbrando a la presencia indeseable del perro fastidioso, cariñoso
y juguetón. Antes de llegar a mi casa me imaginaba la presencia del antipático
animal y cada vez que llegaba a la hora que fuera, ahí estaba él,
esperándome con sus inoportunos ladridos juguetones. Todo esto me fastidiaba
.
En una oportunidad fui de vacaciones
a mi casa, como tantos años lo hice. Llegué en el primer avión
muy de mañana. Como siempre, entré por el patio muy despacio para
que el perro no me asediara con sus movimientos y brincos amistosos. En esta
ocasión le gané una a "Pinino", por primera vez no se
dió cuenta de mi presencia. Esto lo agradecí pero al mismo tiempo
me extrañó. Él nunca había dejado de recibirme.
- ¿Desayunaste?
- me preguntó mi mamá despues del saludo habitual.
- No
- le dije, aunque si lo había hecho en el avión.
-¡Qué
quieres desayunar? - me preguntó - ¿huevos fritos, queso rallado o carne mechada?.
- Quiero
huevos fritos, queso rallado y carne mechada - contesté.
- ¿Quieres
pan o arepas? - siguió preguntando.
- Prefiero
pan......y tambien arepas - seguí contestando.
Me había llamado la
atención que "Pinino" no saliera a recibirme con sus ladridos
de alegría y sus patas terrosas y embarradas. Pensé que andaría
por la calle en busca de alguna perra. Pasó toda una mañana y
no apareció, no lo ví. Quería que se presentará
para espantarlo, y como siempre: "¡Sal perro!, ¡sáquenlo
de aquí!".
- ¿Y
el perro? ¿dónde está? - pregunté a mi mamá.
- ¿Cuál
perro?.
- El
perro...el perro de quí....."Pinino".
- ¡Ay
pobrecito!, lo mató un carro hace unos tres meses - contestó mi
mamá.
¡Ahhh! ¡como sentí
la muerte de ese perro! Confieso que esta noticia lejos de alegrarme, me entristeció
y me pegó muy duro en el alma, nunca imaginé que yo lo quería.
También confieso mi debilidad de corazón, me metí en el
baño y lo lloré; derramé unas cuantas lágrimas a
escondidas. Aunque la muerte de "Pinino" no me hizo llorar sino recordar,
lo que pasa es que a veces los recuerdos vienen envueltos en llanto y dolor.
¡Tanto cariño que me dió ese perro y de mí sólo
recibió indiferencias y malos tratos! ¡Como quise jugar con él!
Quería decirle que corriera que yo lo alcanzaría, que montara
sus patas sucias sobre mis piernas. Quería llamarlo: "Pinino, Pinino,
Pinino" Que viniera para acariciarle la cabeza, quería gritarle:
"Vamos a jugar". Pero ya era tarde, "Pinino".....ya estaba
muerto.
No maltratemos ni descuidemos
a nuestros seres queridos, porque un día los buscaremos y ya no estarán
con nosotros.
¿Cuántos "pininos"
tenemos
maltratados y descuidados en la vida?. Padre Ricardo Búlmez
"EL ARTE DE COMBINAR EL SI CON EL NO"
Gracias Daniel